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Cómo las mujeres en Panamá están redefiniendo la inclusión financiera

  • 31 mar
  • 2 Min. de lectura

Por Catalina Morales Llanos, Gerente de Sostenibilidad – Vertical Social de Credicorp.

En América Latina, hablar de inclusión financiera femenina ha sido, durante mucho tiempo, hablar de brechas. Las estadísticas han reflejado de forma consistente que las mujeres enfrentan mayores obstáculos para acceder al sistema financiero formal. Sin embargo, los datos más recientes muestran que esta conversación empieza a desplazarse, y Panamá ofrece una señal clara de ese cambio.

De acuerdo con el estudio Brechas de género en la inclusión financiera, elaborado por el Banco de Ideas de Credicorp a partir del Índice de Inclusión Financiera 2025, el país presenta hoy una de las menores brechas de la región. En el nivel más alto de inclusión financiera, que mide un uso regular y diverso de productos, el 41% de las mujeres se encuentra en esta categoría, prácticamente en paridad con los hombres, que alcanzan el 42%.

Pero el dato más interesante no está únicamente en el acceso, sino en lo que ocurre después. En Panamá, las mujeres utilizan productos financieros en promedio 17 veces al mes, cinco usos al mes más que los hombres. Este resultado sugiere un cambio más profundo: la inclusión financiera de las panameñas ha trascendido de únicamente la tenencia de productos a la forma en que estos se incorporan en la vida cotidiana.

Ahí es donde la inclusión deja de ser una estadística y se vuelve una herramienta. Usar servicios financieros para recibir ingresos, realizar pagos o gestionar ahorro permite organizar mejor las finanzas, planificar metas y enfrentar imprevistos. Cuando ese uso se vuelve habitual, el impacto trasciende lo individual y empieza a reflejarse también en la estabilidad de los hogares.

Parte de esta evolución se explica por la expansión de las herramientas digitales. Hoy, el 71% de las mujeres en Panamá cuenta con una billetera móvil o aplicación de pagos digitales, más del doble que hace cinco años. Más que abrir puertas, estas soluciones están cambiando la manera en que las personas interactúan con el sistema financiero.

Lo que muestra Panamá es que la conversación sobre inclusión financiera está madurando. Cerrar brechas sigue siendo importante, pero ya no es suficiente. El desafío ahora está en asegurar que ese acceso se traduzca en uso, y que ese uso genere oportunidades reales. Porque es ahí, en lo cotidiano, donde la inclusión financiera empieza a tener un impacto tangible.


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