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Bancos panameños encaran 2026 con perspectiva estable

  • 4 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

(Financiero News-Panamá) La perspectiva global del sector bancario para 2026 se mantiene estable, impulsada por un crecimiento económico moderado, menores tasas de política monetaria y niveles de capital históricamente sólidos, incluso en un contexto marcado por tensiones geopolíticas y transformaciones aceleradas dentro del sistema financiero, indica el informe de Moody’s Ratings.

Analistas señalan que la calidad crediticia seguirá siendo fuerte a nivel mundial, beneficiada por menores costos de servicio de deuda, mientras la rentabilidad del sector se mantendrá resiliente.

Aun cuando las tasas más bajas comprimirán los márgenes de interés neto de algunos bancos —particularmente los más dependientes del fondeo vía depósitos y préstamos a tasa variable—, el incremento de ingresos por comisiones y el reajuste gradual de los depósitos compensará el impacto. Los depósitos, además, seguirán recuperándose conforme disminuye la competencia con instrumentos de mayor rendimiento, fortaleciendo las reservas de liquidez y reduciendo la dependencia de financiamiento mayorista.

Los ratios de capital habrían alcanzado niveles pico, favorecidos por años de rentabilidad sólida y un crecimiento del crédito que en 2026 seguirá contenido. Se prevé, además, que países como Estados Unidos relajen exigencias regulatorias más estrictas que Basilea, reduciendo los requerimientos de capital en algunos sistemas. La disposición de los gobiernos a apoyar a los bancos permanecerá sin cambios, aunque la capacidad fiscal limitada en ciertas economías podría restringir ese respaldo.

En América Latina, la perspectiva también es estable, con un crecimiento económico que superó expectativas en 2025 y que se mantendría en 2026, aunque por debajo de promedios históricos. La baja inflación permitirá una mayor flexibilización monetaria, pero las tasas reales seguirán elevadas en Brasil, México y Colombia, ofreciendo poco alivio a los prestatarios y moderando la demanda de crédito. La región enfrenta además un escenario político más polarizado en Perú, Brasil y Colombia, lo que podría afectar la inversión, junto con el riesgo adicional de cambios en el régimen arancelario de Estados Unidos, que impactarían especialmente a México.

El desempeño crediticio tendrá un deterioro leve pero contenido. Brasil y México verán incrementos en préstamos en mora, sobre todo en consumo y pymes, debido al rezago del entorno de tasas altas y el mayor apalancamiento de los hogares. Sin embargo, la resiliencia del mercado laboral, la estabilidad de ingresos reales, las amplias provisiones y las garantías gubernamentales en Brasil mitigarán los riesgos. En Chile, Colombia, Perú y Panamá, la presión sobre la calidad de los activos disminuirá gradualmente tras años de bajo crecimiento crediticio.

Los bancos de la región mantendrán una sólida generación interna de capital, permitiendo altos dividendos y recompras de acciones. En Brasil, las entidades seguirán reforzando sus reservas ante mayores requisitos regulatorios graduales y la adopción progresiva de estándares contables internacionales. La rentabilidad se sostendrá pese al crecimiento más lento del crédito, impulsada por márgenes elevados, depósitos de bajo costo y mejoras en eficiencia gracias a la digitalización. En México, sin embargo, la competencia de fintechs y bancos digitales presionará los márgenes.

La liquidez se mantendrá amplia en toda la región, con depósitos creciendo por encima de los créditos y con nuevos sistemas de pagos instantáneos que impulsan más cuentas minoristas en países como Colombia y Perú. Brasil y Chile seguirán mostrando posiciones de liquidez suficientemente fuertes para gestionar vencimientos de deuda en 2026. Aunque los gobiernos de América Latina mantendrán su disposición a respaldar a bancos sistémicos, las restricciones fiscales en países como Brasil, Argentina y Colombia limitarán parcialmente su capacidad de apoyo.

Según expertos, la perspectiva podría cambiar a positiva si las principales economías aceleran su crecimiento y disminuyen los conflictos geopolíticos. Por el contrario, un deterioro económico global, la escalada de tensiones internacionales o una mayor incertidumbre política podrían llevar a una revisión negativa del panorama sectorial.

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