Agro recorta gasto, pero acelera IA y biológicos para enfrentar clima

(Financiero News-Panamá) Los agricultores están entrando en una etapa de mayor cautela financiera, pero no están frenando la innovación. El nuevo estudio Global Farmer Insights 2026 de McKinsey & Company, basado en 5,500 productores de 10 países, revela que el sentimiento neto de gasto para los próximos 12 a 18 meses cayó 24 puntos porcentuales frente a 2024 en los mercados comparables, mientras 36% de los agricultores recortaría primero fertilizantes si los márgenes se estrechan y 16% pospondría maquinaria.
Al mismo tiempo, América Latina lidera la adopción de inteligencia artificial generativa, con 26% de los productores utilizándola, por encima de Norteamérica, Europa y Asia.
El estudio muestra que el principal cambio en el agro es la exigencia de retorno. Los productores siguen dispuestos a invertir, pero ahora analizan con más rigor qué tecnología, insumo o maquinaria realmente genera valor. La presión proviene de precios de materias primas más bajos que en el pico de 2021-2022, mientras fertilizantes, energía, mano de obra, tierra, maquinaria y financiamiento permanecen elevados o volátiles.
La geopolítica también está pesando en las decisiones. McKinsey señala que el cierre del estrecho de Ormuz a comienzos de 2026 alteró los flujos de fertilizantes y encareció la energía, sumándose a un clima más impredecible y a problemas de disponibilidad de mano de obra.
En América Latina, la principal amenaza para la rentabilidad ya no es solamente el costo de los insumos. El 58% de los productores identifica el clima extremo como su mayor riesgo, seguido por el costo de insumos, con 42%; escasez de agua, con 29%; y costo del financiamiento, con 25%. Es la región donde este último factor tiene mayor peso.
Ese diagnóstico resulta especialmente relevante para Panamá. El país enfrenta el fenómeno de El Niño 2026-2027, mientras el sector agropecuario debe lidiar simultáneamente con riesgos de menor producción, presión sobre fertilizantes, agua y financiamiento. El estudio de McKinsey coloca esas mismas variables entre las principales preocupaciones de los agricultores latinoamericanos.
La reacción del productor está siendo selectiva. El fertilizante es el primer gasto que recortaría 36% de los agricultores, pero también sería el primero que 48% restablecería cuando mejoren los márgenes. En maquinaria, 16% aplazaría inversiones primero, pero 35% las priorizaría durante una recuperación, lo que podría generar una fuerte demanda acumulada cuando mejore la rentabilidad.
A pesar de la cautela, los productos biológicos están ganando terreno. El 41% de los agricultores utiliza biocontroles y 48% bioestimulantes. América Latina registra los mayores niveles globales entre productores de cultivos especializados: 67% utiliza biocontroles y 72% bioestimulantes.
La región también sobresale por valorar innovación y sostenibilidad. En América Latina, 42% de los productores considera la innovación un criterio relevante y 36% la sostenibilidad, porcentajes superiores a los observados en otras regiones. El costo, el retorno y el desempeño comprobado, sin embargo, continúan siendo los principales factores de compra.
La transformación más acelerada aparece en la inteligencia artificial. A escala global, 17% de los agricultores ya utiliza IA generativa en tareas relacionadas con la finca, mientras América Latina lidera con 26%, frente a 23% en Norteamérica, 13% en Europa y 7% en Asia. En la región, 7% paga por estas herramientas.
Entre quienes ya utilizan IA, 43% la emplea para planificación y 33% para manejo de cultivos. Además, siete de cada diez productores esperan que esta tecnología tenga algún impacto sobre sus operaciones en los próximos tres a cinco años.
Pero la adopción tecnológica todavía no sustituye la confianza técnica. Solo 6% de los productores menciona herramientas de inteligencia artificial entre las fuentes que influyen en sus compras, mientras 56% sigue recurriendo al agrónomo técnico. Entre agricultores menores de 40 años, esa proporción sube a 66%.
El proceso de compra, sin embargo, sí se digitaliza. La preferencia por canales digitales para evaluar y comparar productos pasó de 22% en 2024 a 36% en 2026, mientras pierde influencia el vendedor no técnico, cuyo peso bajó de 67% a 56%.
Para Amalia Toro, socia y location partner de McKinsey, América Latina está dejando de seguir la conversación global sobre el futuro del agro para comenzar a liderarla. La ejecutiva sostiene que la ventaja no estará en adoptar más tecnología, sino en convertirla en mejores decisiones y demostrar su valor antes de que el productor comprometa capital.



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