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Competencia sí… pero para todos: el reto incompleto de Acodeco

  • hace 5 horas
  • 2 Min. de lectura

Orlando Mendieta C. Director Financiero News

La reciente acción de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (Acodeco) al solicitar mayor apertura en el sector de telefonía en Panamá es, sin duda, un paso en la dirección correcta. En un mercado concentrado, donde pocos actores dominan la oferta, promover la competencia no solo es deseable: es urgente. Hoy estamos a merced de dos compañías que no hacen el menor esfuerzos por ofrecer un servicio estable y de buena calidad.

Pero la pregunta clave, y necesaria, es: ¿por qué detenerse ahí?

Panamá mantiene algunas estructuras de mercado donde la competencia es limitada o, en algunos casos, prácticamente inexistente. El problema no es exclusivo de la telefonía. Es sistémico. Y mientras no se aborde de forma integral, el consumidor seguirá pagando el costo de mercados poco dinámicos, con precios elevados y escasa innovación.

Uno de los casos más evidentes, y menos cuestionados,, es el mercado de venta de autos. En Panamá, este sector opera bajo esquemas cerrados, donde la representación exclusiva de marcas y los canales de distribución restringen la entrada de nuevos jugadores. El resultado: precios significativamente más altos que en otros mercados comparables y una competencia que, en la práctica, es limitada. Aquí sólo puedes comprar una marca de auto al precio que disponga el distribuidor único.

Pero hay un sector aún más sensible, y estratégicamente más relevante: la distribución de energía eléctrica.

Aquí el debate es más profundo. Panamá podría avanzar hacia modelos más abiertos incorporando la figura del comercializador de energía, un esquema que ya funciona en varios mercados internacionales. Este modelo permitiría que distintos actores compren energía en el mercado mayorista y la ofrezcan directamente a los consumidores finales, generando competencia en precios, eficiencia en la gestión y opciones reales para el usuario.

Hoy, el consumidor panameño no elige quién le vende la electricidad. Está atado a un esquema de distribución geográfica con poca flexibilidad. La introducción de comercializadores podría transformar esa realidad, presionando a la baja las tarifas finales y obligando a los actores tradicionales a ser más eficientes.

Lo mismo pasa con la autogeneración, se convierte en un problema tratar de hacerlo.

Entonces, la pregunta vuelve a surgir con más fuerza: ¿Está Panamá dispuesta a abrir realmente sus mercados… o solo aquellos donde el costo político es menor?

Si Acodeco impulsa competencia en telefonía, debería también mirar con la misma firmeza otros sectores.

La política de competencia no puede ser selectiva ni reactiva. Debe ser estructural.

Porque al final, no se trata solo de tener más operadores telefónicos. Se trata de construir una economía donde competir sea la norma, no la excepción. Donde los mercados funcionen para el consumidor, y no al revés.

Acodeco ha abierto una puerta. Lo que está en juego ahora es si Panamá se atreve a cruzarla por completo.

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