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McKinsey: inversión productiva redefine la competitividad en América Latina

  • hace 1 hora
  • 2 min de lectura

(Financiero News-Panamá) La competitividad de los países ya no se mide solo por crecimiento, comercio o tamaño de mercado, sino por su capacidad para atraer inversión productiva en sectores estratégicos, según un nuevo informe del McKinsey Global Institute, que advierte que el capital global se está moviendo hacia las economías donde las empresas ven mejores condiciones para producir, innovar y competir en industrias como semiconductores, baterías, acero, energía renovable y centros de datos para inteligencia artificial.

El estudio, titulado “Catalyzing competitiveness: Where investment happens and why”, plantea que la inversión productiva funciona como un indicador adelantado del empleo, la producción y la posición competitiva futura de las naciones. Bajo esa premisa, MGI analiza cómo empresas y gobiernos están reconfigurando sus decisiones de capital en un mundo marcado por tensiones geopolíticas, relocalización de cadenas de suministro, transición energética y nuevas necesidades tecnológicas.

Uno de los hallazgos centrales es la fuerte divergencia entre las grandes economías. China invierte anualmente US$4.4 billones en activos productivos netos, una cifra equivalente a más del triple de la inversión neta combinada de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, el informe advierte que la rentabilidad del capital en China es 40% inferior a la de sus contrapartes, lo que refleja una paradoja: más inversión no siempre significa mayor eficiencia.

Europa, por su parte, enfrenta un déficit de inversión estimado en 800,000 millones de euros anuales, mientras Estados Unidos busca elevar su inversión manufacturera para reducir riesgos asociados a la dependencia de importaciones en sectores críticos. La carrera ya no es únicamente por producir más barato, sino por controlar capacidades industriales, tecnológicas y energéticas clave.

El informe también identifica una brecha de costos que condiciona la localización del capital. En manufactura, los costos nivelados en Europa y Estados Unidos son hasta 50% superiores a los de ubicaciones como China, debido a mayores salarios que no siempre se compensan con productividad equivalente. En investigación y desarrollo, la diferencia puede alcanzar hasta 300%, haciendo que factores como velocidad de llegada al mercado, energía, materias primas, subsidios y tipo de cambio se vuelvan decisivos.

Para América Latina, el análisis abre una ventana de oportunidad. McKinsey señala que la región cuenta con ventajas estructurales en recursos naturales, energía renovable, minerales críticos y mano de obra. El caso de Brasil en energía solar con almacenamiento en baterías muestra que el costo de energía firme puede ubicarse en US$65 por MWh, cerca de los US$50 por MWh registrados en China. La barrera principal, según el informe, no está en la disponibilidad del recurso, sino en el costo de financiamiento y capital.

Esto significa que América Latina tiene condiciones para captar parte de la inversión productiva global, especialmente en energía limpia, minerales críticos, manufactura vinculada a nuevas cadenas de suministro y servicios tecnológicos. Pero para transformar ventajas naturales en desembolsos reales de capital, la región deberá reducir riesgos, mejorar infraestructura, facilitar permisos, fortalecer capacidades laborales, garantizar estabilidad regulatoria y cerrar brechas de financiamiento.

El informe plantea que entre 30% y 80% de la brecha de costos podría cerrarse mediante estrategias de eficiencia, como elevar la productividad en 30%, converger en costos de equipamiento, energía y materiales, especializarse en industrias donde existan ventajas claras, promover innovación y revisar políticas industriales que distorsionan la competencia.


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