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Tarjetas, financieras y telcos elevan las alertas en el crédito panameño

  • hace 12 horas
  • 4 min de lectura

(Financiero News-Panamá) El crédito en Panamá sigue creciendo, pero los datos de julio de 2026 revelan señales de presión que no deben pasarse por alto: las tarjetas de crédito bancarias mantienen una morosidad de 8.5%, las financieras registran una mora de 16.56%, las telcos alcanzan 29.40% y el segmento de otros sectores supera el 50% de mora a más de 61 días, según cifras del Sistema de Referencias de Crédito de APC Experian.

Aunque el saldo total del sistema supera los US$42,334 millones y el 93.5% del saldo se mantiene al día, el informe muestra que el riesgo de crédito se concentra en productos y sectores específicos que pueden presionar a hogares, financieras y proveedores no bancarios.

La primera alerta está en la composición de la mora. Por sector, los bancos concentran la mayor parte del crédito, con US$37,674.5 millones, 2,114,499 obligaciones activas, un saldo promedio de US$17,817 y una morosidad superior a 61 días de 4.70%. Sin embargo, fuera de la banca tradicional el deterioro es mucho más fuerte: las financieras tienen US$1,926.4 millones en saldo y mora de 16.56%; las cooperativas, US$1,692.3 millones y mora de 7.31%; las telcos, US$73.4 millones y mora de 29.40%; y otros sectores, US$967.6 millones con mora de 52.21%.

El segundo foco de atención está en las tarjetas de crédito. Aunque esta cartera bancaria superó los US$3,021 millones y creció 7.4% frente a julio de 2025, sigue presentando el mayor nivel de morosidad entre las principales carteras bancarias, con 8.5% sobre saldo. Esto confirma que el crédito revolvente continúa siendo el segmento más sensible del consumo, especialmente para hogares que enfrentan mayores costos de vida, compromisos recurrentes y presión sobre su liquidez mensual.

El tercer dato preocupante aparece en las financieras. A julio de 2026, este sector registró un saldo de US$1,926 millones, con 701,723 obligaciones activas y una morosidad de 16.6%. Aunque la mora bajó ligeramente desde 17.1% en 2025, el saldo cayó 38% frente al año anterior, luego de haber alcanzado US$3,107 millones. La lectura es que el sector ajusta cartera, pero todavía opera con niveles de riesgo de doble dígito.

También preocupa la desaceleración de las originaciones bancarias. En junio de 2026 se registraron 38,966 nuevos préstamos bancarios, por debajo de los 44,937 de junio de 2025. Los principales productos originados fueron préstamos personales, con 17,818 operaciones; tarjetas de crédito, con 15,843; préstamos de automóvil, con 2,356; hipotecas, con 1,232; y líneas de crédito, con 852. El dato sugiere que, aunque el saldo total crece, el ritmo de nuevos créditos perdió fuerza frente al año anterior.

Aun con esas señales, la banca mantiene estabilidad relativa. La cartera bancaria, principal componente del sistema, totalizó US$37,674 millones, con crecimiento de 3.1% frente a julio de 2025. Además, 2,474,635 personas naturales están registradas en la plataforma de APC Experian, lo que refleja una amplia participación de consumidores en el sistema crediticio formal.

El crédito hipotecario sigue siendo el producto de mayor peso dentro de la banca panameña. A julio de 2026, esta cartera alcanzó US$21,528 millones, con 344,056 obligaciones, un saldo promedio de US$62,572, crecimiento interanual de 1.81% y morosidad de 4.63%. La vivienda continúa siendo el principal motor del crédito bancario, aunque con un ritmo de expansión bajo frente a otros productos de consumo.

En préstamos personales bancarios, el saldo llegó a US$8,745 millones, con 642,581 obligaciones, saldo promedio de US$13,609, crecimiento de 3.69% y morosidad de 3.23%. Pero fuera del sistema bancario tradicional, los préstamos personales muestran un perfil mucho más riesgoso: en otras industrias, esta cartera totaliza US$2,860 millones, con morosidad de 16.2% sobre saldo.

El mayor crecimiento dentro de las principales carteras bancarias se observa en los préstamos de automóvil, que totalizaron US$2,413 millones, con un aumento interanual de 10.7% y la mejor calidad de pago entre los principales productos, con una morosidad cercana a 2%. Este comportamiento sugiere una demanda activa por financiamiento vehicular y una cartera relativamente más sana frente a tarjetas y otros créditos de consumo.

El comparativo histórico muestra que la cartera bancaria pasó de US$31,125 millones en julio de 2021 a US$37,674 millones en julio de 2026, un crecimiento acumulado de 21%. En ese mismo período, las obligaciones activas bancarias aumentaron de 1,855,191 a 2,114,499, equivalente a 14% más que en 2021. Frente a julio de 2025, el saldo bancario creció 3% y las obligaciones activas 4%.

La mora bancaria también muestra una mejora frente al año anterior. En julio de 2025 se ubicaba en 5.00%, mientras que en julio de 2026 bajó a 4.70%. Aunque todavía está por encima del nivel registrado en 2021, cuando fue de 3.74%, el dato confirma una corrección positiva frente al pico de 5.52% observado en 2024.

En cooperativas, la cartera alcanzó US$1,692 millones, con 144,523 obligaciones activas y morosidad de 7.3%. Este sector también muestra crecimiento moderado frente a julio de 2025, cuando el saldo era de US$1,644 millones, pero mantiene una tendencia de reducción en obligaciones activas: en 2021 registraba 153,240, frente a las 144,523 actuales. La lectura es que las cooperativas crecen en saldo, pero con menos obligaciones, lo que implica mayores saldos promedio por operación.

La lectura de fondo es que el crédito en Panamá mantiene una base estable, pero el mapa de riesgo se está volviendo más desigual. La banca conserva el peso dominante del sistema, la mora bancaria mejora frente a 2025 y el saldo al día sigue siendo alto; sin embargo, las tarjetas de crédito, las financieras, las telcos y otros sectores concentran señales de alerta que pueden anticipar presión sobre consumidores y proveedores de crédito no bancario.

Para la economía panameña, el dato central ya no es solo que el crédito supera los US$42,334 millones, sino dónde se está acumulando el riesgo. El reto para bancos, cooperativas, financieras y otros otorgantes será ampliar el acceso al financiamiento sin deteriorar la calidad de cartera, especialmente en un contexto donde hogares y empresas enfrentan costos de vida, tasas de interés y presiones de liquidez que pueden afectar su capacidad de pago.

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