Empresas adoptan más IA, pero el retorno financiero aún no despega
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(Financiero News-Panamá) La inteligencia artificial avanza con fuerza dentro de las empresas, pero todavía no está generando un impacto financiero proporcional a su nivel de adopción. El nuevo estudio “The state of AI in 2026: On the road to ROI”, de McKinsey & Company, revela que casi 9 de cada 10 encuestados trabajan en organizaciones que ya utilizan IA regularmente en al menos una función, mientras 44% afirma que sus empresas están escalando la tecnología a nivel empresarial, frente al 38% registrado en 2025.
El informe, basado en una encuesta global a 1,719 participantes, muestra que la IA dejó de ser solo una fase de experimentación y empieza a integrarse en más áreas del negocio. De hecho, 56% de los encuestados señala que sus organizaciones ya utilizan inteligencia artificial en tres o más funciones, una señal de que la tecnología comienza a pasar de proyectos aislados a una adopción más transversal.
El avance es especialmente fuerte en las grandes empresas. Entre las organizaciones con ingresos anuales de al menos US$1,000 millones, el 40% de los encuestados afirma que sus compañías están escalando agentes de IA en una o más funciones, frente al 27% reportado en 2025. En empresas más pequeñas, esa proporción se mantiene en 22%, lo que muestra una brecha clara entre corporaciones con mayor capacidad de inversión tecnológica y compañías de menor escala.
La IA también empieza a cambiar las decisiones de compra tecnológica. Según McKinsey, 32% de los encuestados asegura que su organización decidió no adquirir al menos un producto o funcionalidad de software porque pudo desarrollarlo internamente utilizando agentes de programación basados en inteligencia artificial. Este dato anticipa una presión creciente sobre proveedores tradicionales de software y una mayor capacidad de las empresas para construir soluciones propias.
Pero el principal hallazgo del estudio está en la brecha entre productividad e impacto financiero. Ocho de cada diez encuestados afirma que la IA ha mejorado su productividad individual, y la mitad señala que les ayuda a tomar mejores decisiones. Sin embargo, solo 37% atribuye algún impacto de la inteligencia artificial al EBIT de sus organizaciones, prácticamente el mismo nivel del año anterior.
Los llamados AI high performers, es decir, organizaciones que atribuyen al menos 5% de su EBIT a la IA y consideran significativo su impacto, representan apenas 6% de los encuestados. Esto confirma que muchas empresas están usando IA, pero pocas han logrado convertir esa adopción en resultados financieros medibles, sostenidos y relevantes para el negocio.
Aun así, la inversión seguirá creciendo. McKinsey señala que, en casi todos los sectores, la mayoría de los encuestados espera que sus organizaciones aumenten su inversión en IA durante el próximo año. La lectura es que las empresas siguen apostando por la tecnología, aunque todavía están en una etapa de aprendizaje sobre cómo capturar valor económico real.
El estudio identifica una diferencia clave entre las empresas que obtienen mejores resultados y el resto: las líderes no se limitan a incorporar herramientas de IA en procesos existentes, sino que están rediseñando sus flujos de trabajo y usando la tecnología para transformar el negocio. Los AI high performers son 3.3 veces más propensos a afirmar que planean utilizar la IA para transformar fundamentalmente su organización durante los próximos tres años.
Además, casi tres cuartas partes de estas empresas líderes han rediseñado de forma profunda sus procesos por efecto de la IA, frente a apenas una cuarta parte del resto de los encuestados. La diferencia no está solo en usar más tecnología, sino en cambiar la manera en que se toman decisiones, se ejecutan tareas, se mide productividad y se generan ingresos.
Estas organizaciones también combinan eficiencia con crecimiento e innovación. Según McKinsey, las empresas de mejor desempeño suelen contar con liderazgo más comprometido, procesos para medir el impacto de sus iniciativas y mecanismos para gestionar los riesgos asociados a la inteligencia artificial. Es decir, no tratan la IA como una herramienta aislada, sino como una capacidad estratégica del negocio.
Para Panamá y América Latina, la lectura es directa. Las empresas pueden avanzar rápido en adopción de IA, pero el verdadero desafío será convertir esa tecnología en productividad empresarial, reducción de costos, nuevos ingresos y mejores decisiones. En sectores como banca, logística, comercio, seguros, turismo, salud y servicios profesionales, el impacto no dependerá solo de usar herramientas, sino de rediseñar procesos y formar talento capaz de trabajar con IA.
La conclusión es que la inteligencia artificial ya entró en la operación diaria de las empresas, pero el retorno financiero sigue siendo limitado para la mayoría. El próximo paso no será simplemente adoptar más aplicaciones, sino transformar la forma en que funciona el negocio. Las organizaciones que logren convertir productividad individual en resultados financieros sostenibles serán las que rediseñen operaciones, midan impacto, gestionen riesgos y conviertan la IA en una nueva manera de trabajar.



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