La economía panameña y lo tentáculos de la corrupción
- hace 48 minutos
- 5 min de lectura

Por: Víctor Cruz
Economista
Introducción
En el libro “Buena Economía para Tiempos Difíciles” sus autores y premios Nobel de Economía en 2019 Banerjee y Dulfo, describen una serie de sucesos en diversas latitudes y destacan en sus análisis cómo fueron abordados dichos aspectos permitiendo que sus lectores pudieran extraer las experiencias más propicias y replicarlas dependiendo de las circunstancias y la idiosincrasia del lugar donde se impulsen.
La Corrupción como elemento presente en los ámbitos económico, político e institucional siempre ha estado en boca de muchos y hace un buen tiempo atrás sus tentáculos está mostrando parte del modus operandi en Panamá.
La Corrupción como un Acto Aislado
¿Es la corrupción algo inherente a los Gobiernos o las empresas como entes? O es algo que aparece acorde a las circunstancias y el ser humano, dentro de sus imperfecciones, suele sacarlo a la luz.
El escepticismo que recae sobre los Gobiernos parece ser una obsesión generalizada ya que la mínima gestión gubernamental suele generar mucha suspicacia en un gran porcentaje de la sociedad civil y cuando una investigación judicial suele aparecer, el panameño de a pie suele decir que el hijo de la cocinera es quién pagará los platos rotos y los beneficiarios finales de dicha acción quedarán impunes.
Las voces mejor organizadas de la sociedad civil suelen señalar no solo los casos, sino también los mecanismos que ayudarían mitigar esas acciones con ajustes en las legislaciones respectivas y de no haberlas, proponiendo leyes que castiguen dichos actos.
Para Banerjee y Dulfo, “la idea de que lo único que hace falta para acabar con la corrupción es la voluntad de hacerlo ignora un punto clave sobre el origen de la corrupción y es nuestra habilidad para controlarla”.
Y es que, ante las necesidades de la población y el deber constitucional del Gobierno de atender las mismas, solo el Gobierno debe actuar.
Si, por el contrario, las empresas privadas bajo las figuras de Acuerdos de Participación Privada proponen soluciones para determinados casos que en principio debiera atender el Gobierno, la figura de la corrupción, para el ciudadano común, igual estará presente.
Y como dice el refrán: Palo porque boga y palo porque no boga.
La Bendita Transparencia
Según Banerjee y Dulfo, por la naturaleza del trabajo a realizar por el Gobierno, éste muchas veces impide que los mecanismos del mercado funcionen y por ende combatir la corrupción se torna en una batalla cruda y continua, aun cuando existan las mejores intenciones.
Y es aquí donde surge la Transparencia como parte de la solución, sostienen algunos.
Los iconos de transparencia creados e insertados en las plataformas digitales de todas las entidades, deben ser los depositarios de toda la información que genera la entidad respectiva, especialmente los actos públicos con sus detalles y las planillas, de modo que la ciudadanía tenga la opción de saber, al menos, quienes y en qué se gastan sus impuestos.
Las sanciones incluidas en la ley debieran ser disuasorias para quienes forman parte del proceso de mantener al día las informaciones pertinentes, pero aún así las personas a cargo dilatan o incumplen este proceso.
Por algo existe la solicitud de Habeas Data cuando una entidad, por la razón que esgrima, no muestra o entrega a tiempo determinada información solicitada por la sociedad, pero con este mecanismo también dilata el proceso de entrega.
Casos y Casos
Aún con todo este arsenal de impedimentos legales, la corrupción se las ingenia para aparecer y lucrar a costa de la sociedad y por ello, revisaremos algunos de los actos que en suelo patrio hacen noticias.
Alguno de ellos de vieja data y otros casos muy recientes, dejan al descubierto los mecanismos utilizados para lograr su cometido, a saber:
1- FES-FIS hoy Programa de Ayuda Nacional (PAN): Compra de Comida Deshidratada.
2- Concesión Portuaria- Lesión Patrimonial según las auditorías de la Contraloría General de la República.
3- Lotería Nacional de Beneficencia; a- Libretas en manos de allegados y políticos; b- Chances Clandestinos cuya lesión al Estado se estima en más de US$200 millones anuales.
4- ODEBRETCH-Coimas por licitaciones en varios gobiernos. Este caso en otras latitudes ha llegado a la justicia por los mismos delitos.
5- Respiradores: En Pandemia se pretendió comprar estos equipos a precios más elevados de lo que ofrecía el mercado, lo que llevó a la destitución inmediata a un Viceministro.
6- Universidad de Chiriquí (UNACHI)-Nepotismo rampante y sueldos excesivos.
7- MEDUCA-Diplomas falsos de docentes. Más de 400 diplomas fraudulentos. Involucra a funcionarios del Ministerio y la investigación se extiende a las entidades que pudieran haber extendido dichos diplomas.
8- Descentralización Paralela: Más de US$300 millones en transferencias presupuestarias sin sustento claro en las Juntas Comunales.
9- Operación Pandora: Afectación digital del Sistema e-tax de la Dirección General de Ingresos (DGI) en el cual se borraron deudas y se generaron de manera fraudulenta Créditos Fiscales, derivando en detenciones de 17 personas entre funcionarios públicos, civiles, abogados y, sin obviar el destino final de dichos recursos hacia (4) bancos de la plaza comercial local que recibieron los Créditos Fiscales generados por el orden de más de US$ 40 millones, hasta ahora detectados.
Este último caso, con la aparición de bancos de nuestro centro bancario como parte de la trazabilidad de los recursos extraídos de la DGI, nos deja un mal sabor de boca ya que nuestro país, desde hace décadas, lucha contra organismos que a diario nos listan como un país que no colabora internacionalmente con una serie de normativas de conducta para perseguir delitos trascendentes y eso nos pasa factura siempre.
Este listado no deja de lado otros que escapan a mi memoria, incluso alguno que era exclusivo de la esfera privada, pero es una muestra de lo que la corrupción en la economía panameña afecta nuestra reputación como país dificultando la acogida de inversiones extranjeras y que las mismas se realicen bajo las fuerzas del mercado y no bajo la égida de la trampa.
Desde hace más de tres décadas, los ajustes a la Ley de Contrataciones Públicas se han realizado sobre el objetivo de que el proceso de compra a manos del Estado sea los más transparente posible y que los recursos adquiridos con los impuestos del pueblo sean en beneficio del propio pueblo, sin embargo, cada vez que surge una compra bajo la figura de una licitación o cualquiera de los otros mecanismos que permite la ley, la noción de la sociedad es que no se beneficia ella, pero sí algún particular o alguien del Gobierno.
Entonces, si la Ley en sí, cierra los portillos a una posible lesión patrimonial, ¿es la ley el problema o es quién la debe aplicar?
Reflexiones
Este análisis parte del reconocimiento de que los seres humanos somos infinitamente imperfectos, pero igual tenemos la capacidad de discernir y reconocer los hechos que convencionalmente han sido señalado como buenos o malos.
La corrupción en sí no tiene conciencia de lo bueno y/o lo malo de algo. Pero las personas sí tenemos esa capacidad, por lo tanto, podemos decidir si hacemos las cosas bien o recibimos algo por debajo de la mesa y torcer un proceso que debe ser prístino.
Por lo tanto, la corrupción sale a relucir si nuestro camino, hasta el momento de darle paso a ella, ha estado marcado por seguir el buen ejemplo, a pesar de los réditos que dicho acto pudiera dejar en los bolsillos de alguien.
Lo más triste de ello, es que eventos como los listados, nos muestran al mundo como una economía que favorece la trampa y pagamos los platos rotos, incluso quienes no hemos tenido vela en esos entierros.



Comentarios