Panamá reduce hambre a 4.7%, pero FAO advierte que el reto es acceso a dietas saludables
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(Financiero News-Panamá) Panamá logró reducir de forma significativa la prevalencia de subalimentación en las últimas dos décadas, al pasar de 23.3% en el período 2000-2002 a 4.7% en 2023-2025, según los datos más recientes del informe Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2026, conocido como SOFI.
El avance implica que cerca de medio millón de personas dejaron atrás la condición de hambre y coloca al país cada vez más cerca de salir del mapa mundial del hambre, de acuerdo con la FAO.
Los resultados fueron destacados durante la firma del Marco de Programación por País 2026-2030, suscrito entre la FAO y el Gobierno de Panamá, que servirá como hoja de ruta para orientar la cooperación técnica de la organización durante los próximos cinco años. El acuerdo busca acelerar la transformación de los sistemas agroalimentarios panameños, fortalecer la producción, mejorar la sostenibilidad ambiental y ampliar el acceso de la población a alimentos saludables.
Rene Orellana Halkyer, subdirector general de la FAO y representante regional para América Latina y el Caribe, calificó el avance de Panamá como un logro extraordinario y reconoció los esfuerzos del país para mantener la seguridad alimentaria, el desarrollo agropecuario y la sostenibilidad ambiental como prioridades nacionales. También destacó el trabajo del Ministerio de Desarrollo Agropecuario con productores y comunidades rurales, así como el papel del Ministerio de Ambiente en la protección del agua, los suelos, la biodiversidad y los bosques frente al cambio climático.
El nuevo marco de cooperación se enfocará en áreas estratégicas como productividad agropecuaria, agricultura familiar, pesca y acuicultura sostenibles, gestión responsable de recursos naturales, sanidad agropecuaria, innovación, digitalización, reducción de pérdidas y desperdicio de alimentos, y acceso a dietas saludables. También incluirá acciones de adaptación y mitigación climática, restauración productiva, gobernanza territorial y fortalecimiento de economías rurales.
El canciller Javier Martínez-Acha afirmó que la firma representa mucho más que un documento de cooperación, porque renueva una relación histórica entre Panamá y la FAO basada en conocimiento técnico, acompañamiento institucional y soluciones concretas para desafíos esenciales del desarrollo. Señaló que el multilateralismo se traduce en resultados cuando ayuda a mejorar la producción de un agricultor, proteger bosques, fortalecer la sanidad animal y vegetal, desarrollar territorios rurales o introducir nuevas tecnologías.
Sin embargo, la FAO advirtió que la reducción del hambre no significa el final del desafío. El próximo paso para Panamá será garantizar que todas las personas puedan acceder de manera permanente a dietas saludables, nutritivas y asequibles, al mismo tiempo que enfrenta otras formas de malnutrición, como el sobrepeso y la obesidad.
Orellana Halkyer subrayó que el país necesitará un financiamiento más inteligente, basado en evidencia científica, información territorial, innovación y gestión del riesgo. Su mensaje fue directo: no se trata únicamente de invertir más, sino de invertir mejor, dirigiendo los recursos hacia los territorios donde puedan generar mayor impacto económico, social y ambiental.
La lectura de fondo es que Panamá ha logrado un avance social importante al reducir el hambre a niveles históricamente bajos, pero ahora enfrenta una etapa más compleja: pasar de combatir la subalimentación a construir un sistema agroalimentario más productivo, inclusivo, resiliente y saludable. El desafío ya no será solo que la población tenga comida suficiente, sino que pueda acceder a alimentos de calidad, con precios asequibles, producción sostenible y territorios rurales con más oportunidades.
La conclusión es que Panamá está cerca de cerrar una deuda histórica en materia de hambre, pero debe evitar que ese logro se estanque. La nueva agenda con la FAO será clave para conectar agricultura, ambiente, innovación, nutrición y desarrollo rural. Si el país logra convertir la cooperación técnica en inversión efectiva, mejores capacidades productivas y políticas territoriales medibles, podrá avanzar no solo hacia la salida del mapa del hambre, sino hacia una seguridad alimentaria más moderna y sostenible.



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